Con un acto encabezado por el Presidente de la Nación, Javier Milei, junto a funcionarios de Gobierno y autoridades militares, La Fuerza Aérea Argentina (FAA) incorporó oficialmente sus primeros seis aviones F-16A/B Fighting Falcon Block 10 y 15 MLU en el Área Material Río Cuarto, en la provincia de Córdoba. El programa Cóndor de Paz representa un cambio industrial, tecnológico y cultural sin precedentes en la historia de la defensa nacional: Argentina está restaurando cualitativa y cuantitativamente sus capacidades de interceptación y combate aéreo para la protección de su espacio aéreo.
En un contexto regional marcado por el crecimiento y la modernización de las capacidades militares, Argentina se suma a la lista de operadores históricos del F-16. En la década de 1980, Venezuela lideró el primer proceso de adquisición de cazas F-16A/B Bloque 15 Fighting Falcon de fabricación estadounidense; su programa Peace Delta especificó la integración de 24 cazas multifunción (18 monoplazas modelo A y 6 biplazas modelo B), entregados formalmente entre 1983 y 1985. Durante la primera década del siglo XXI, Chile lanzó el programa Peace Puma para reemplazar su flota de Dassault Mirage, adquiriendo 10 aviones F-16 Bloque 50+ (6 monoplazas modelo C y 4 biplazas modelo D) de Estados Unidos y 36 unidades Block 15 MLU de segunda mano, anteriormente operadas por la Real Fuerza Aérea de los Países Bajos; su recepción y entrada en servicio activo tuvo lugar entre 2006 y 2011.
Los Mirage (IIIEA/DA-V-Finger/Dagger), históricos cazabombarderos adquiridos por la FAA a finales de la década de 1970, fueron retirados del servicio sin un proyecto formal de reemplazo. Su retiro en 2015 marcó un punto de inflexión en la defensa aérea argentina: tras más de tres décadas de servicio activo y enfrentando serias limitaciones logísticas e industriales, se reactivó la necesidad de seleccionar un sucesor inminente. Al igual que su país vecino, Argentina proyectó varios planes prospectivos para la adquisición de nuevas capacidades supersónicas, sin el respaldo político necesario para avanzar. Otros países como Brasil, Colombia y Perú —operadores actuales y futuros del Saab J-39E Gripen— también consideraron al F-16 como un caza furtivo multifunción para sus flotas aéreas como una posible opción.
El ejercicio de la soberanía territorial se extiende al espacio aéreo, y sin los medios necesarios para operacionalizar la defensa, la protección y el control, dicha misión queda incompleta. Al final de la Segunda Guerra Mundial, en medio de decisivos cambios geopolíticos y económicos, América Latina estableció parámetros comunes para la defensa aérea regional utilizando tecnologías de vanguardia de la época: los interceptores y los aviones de combate marcaron el comienzo de la "era de los aviones a reacción", lo que permitió a los países latinoamericanos equipar sus fuerzas aéreas con los instrumentos de ataque y disuasión de las grandes potencias mundiales.¹
Considerando los avances tecnológicos, el F-16 sigue siendo un pilar fundamental de las flotas aéreas en los cinco continentes. Su capacidad de interceptación, velocidad y maniobrabilidad garantizan la eficiencia en misiones de ataque y combate aéreo. Su alcance operativo alcanza las 1740 millas náuticas, con capacidad para transportar bombas, tanques de combustible externos o misiles AIM-120 AMRAAM, además de un sistema de armas modular capaz de integrar módulos de contramedidas electrónicas, misiles y munición convencional.
Los aviones F-16A/B Fighting Falcon Bloque 10, las primeras unidades en llegar a suelo argentino, forman parte del lote inicial de producción de principios de la década de 1980. En comparación con su predecesor, el Bloque 5, cada caza presenta mejoras internas y actualizaciones en aviónica y radar, además de otras mejoras en la eficiencia operativa aire-aire y aire-tierra. Los próximos aviones, pertenecientes a la Unidad de Combate de la Fuerza (MLU) del Bloque 15, incorporan estándares operativos comparables a los del F-16C/D Bloque 50/52, modernizados mediante el programa de Actualización de Mediana Vida (MLU) para integrar sistemas de radar avanzados y una mayor compatibilidad con los sistemas tecnológicos actuales.
Its incorporation into the Argentine Air Force between 2025 and 2028 marks historic milestones with regional impact. Formally, the country regains its supersonic capabilities for the protection and safeguarding of national interests throughout its territory. In accordance with commonly established standards in Latin America, Argentina is rebuilding its fleet to balance the distribution of air resources on a regional scale. Brazil leads the subregional ranking of supersonic air strike capabilities by a wide margin, with more than 170 combat aircraft by 2025, including the F-5 Tiger II, the AMX (in the process of being decommissioned) and the J-39E Gripen (in the process of being incorporated), followed by Chile (80 combat aircraft), Venezuela (79), and Colombia (62).
The industrial and logistical ecosystem surrounding the F-16 forced Argentina to adhere to the highest international standards for its operation in national airspace. Various milestones in Western aeronautical engineering set necessary precedents in national doctrine, driving unprecedented technological and academic advancement. With a view to the national and international training of future Fighting Falcon pilots, Argentina actively promoted the logistics for the construction and maintenance of training simulators such as the DART (Deployable Advanced Readiness Trainer), operating systems such as ILIAS, and training programmes at US and Danish facilities. At the bases that housed the fighters, such as the Río Cuarto Material Area (ARMACUAR) and the VI Air Brigade in Tandil, repair and reconstruction work was carried out on runways, hangars, taxiways, avionics, and safety systems.
The arrival of the F-16s in Argentina rebalances the regional power balance without undermining the sense of equilibrium that has been collectively built. In the absence of a hypothesis of interstate conflict, competition is moderated by cooperation in a context where the relative gains for the region are minimal compared to the absolute gains for the South American country. Argentina regains its interception capability, giving rise to a complex framework of engineering, technology and logistics that is favourable to national industry and academia.
References:
¹Hulaczuk, SA (2019). La defensa aeroespacial mediante aeronaves . Universidad de la Defensa Nacional. https://undef.edu.ar/wp-content/uploads/2025/07/03_Art-3_REVISTA-DEFENSA-NACIONAL.pdf
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